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jueves, 13 de abril de 2017

De la Burbuja inmobiliaria a la crisis actual

Si se intenta analizar la forma en que se acumula la riqueza, la gente cree que es de la misma manera que se describe en los libros de texto: ganando ingresos y ahorrándolos hasta hacerse rico. Eso es todo lo que la mayoría de los asalariados pueden hacer. Pero no es así como ocurre en la parte superior de la pirámide. La mayor parte de la riqueza toma la forma de ganancias de capital. Están infladas a base de crédito, así que realmente es la inflación de los precios de los activos lo que está financiado el apalancamiento de la deuda. La mayor parte de las ganancias terminan como pagos de intereses, por lo que son los banqueros, es decir, los propietarios de los bancos y tenedores de bonos, los que terminan acumulando la mayor parte del aumento de la riqueza.







Si eres un gerente financiero, te fijas en lo que se llaman los rendimientos totales. Sumas los beneficios del capital a tus ingresos corrientes. La mayoría de las ganancias de capital se obtienen en el sector de la economía más grande, que no aparece en los programas de estudios académicos: los bienes raíces, seguido por el petróleo y el gas y otros recursos naturales extractivos. Pero para la economía académica, es como si toda la economía se tratase de fabricar cosas, como si la industria contratase mano de obra para producir bienes y servicios y todo el mundo se enriqueciese a medida que aumenta la productividad. Se supone que los ahorros deben financiar el crecimiento, que así aumenta el precio de las acciones, porque los beneficios crecen empleando más mano de obra para producir más bienes y servicios.
Pero eso no es realmente lo que sucede. La mayoría del dinero se hace en la ingeniería financiera, no en la ingeniería industrial. A través de lo que los clásicos llamaban los ingresos no ganados. El 80% de los préstamos bancarios son para el sector inmobiliario. Cuanto más préstamo hagan los bancos al sector inmobiliario, más suben los precios de bienes raíces. La gente piensa que los bienes raíces suben porque crece la población y la gente es cada vez más rica y paga más. Pero no es así realmente, no es esa la razón por la que aumentan los precios de las viviendas. El valor de un edificio de oficinas, de viviendas o comercial vale lo que un banco esté dispuesto a prestar por él como aval. En la medida que los bancos flexibilizan sus normas de préstamo, prestan cada vez más. El resultado es una pirámide de deuda, y esto es cierto no sólo para los bienes raíces, sino para la economía en su conjunto.



Cuando compré una casa en la década de 1960, la regla general era que los bancos prestaban el 75% y el 80% de su valor. El comprador tenía que tener el 20% o el 25% para el pago inicial. Y la hipoteca no podía absorber más del 25% de los ingresos del comprador. Además, el préstamo era amortizable en el transcurso de 30 años. Así que después de toda una vida de trabajo para pagarlo, al menos se era dueño de una casa sin cargas. Pero en 2008 se liberalizaron estas normas, hasta el punto que los préstamos hipotecarios pasaron a ser calificados de hipotecas basura. Fueron estas normas de crédito más flexibles las que presionaron al alza los precios de la vivienda durante muchas décadas. Hacia el año 2008 ya no era necesario ningún pago inicial. Algunos bancos incluso prestaron más que el valor real de la propiedad, e incluso prestaron el pago inicial para ayudar al nuevo comprador a reformar la casa. Algunos préstamos sólo servían ya para pagar los intereses de la hipoteca, no el principal. Los banqueros no quieren préstamos pagados, quieren intereses. Si no se paga el préstamo, se pagan cada vez más intereses. Al final de los 30 años todavía tendría el mismo saldo del principal de la hipoteca, a menos que se siga pidiendo prestado más y más contra el aval del aumento del precio de mercado de la casa, que la propia deuda global del sector hipotecario infla.
La gente habla de los economistas que “pronosticaron la crisis de 2008”. El Financial Times me cita como uno de los 12 economistas, como si sólo hubiera 12 personas en el mundo que supieran que iba a ver una crisis (y sólo 3 con modelos económicos, incluido el mío). Pero el hecho es que todo el mundo en Wall Street lo sabía. Todos los banqueros lo sabían. Si nos fijamos en cualquiera de los periódicos de la época, todos hablaban de las “hipotecas basura”. Hablaban de los solicitantes de créditos NINJA: sin ingresos, sin empleo, sin activos. El FBI advirtió en 2004 que eran testigos de la mayor ola de fraude financiero y bancario de la historia. Así que todo el mundo sabía que era fraudulento. Pero pensaban que podían dejarlo a tiempo.







La idea era, ¿cómo se hace uno rico con la promoción inmobiliaria? En la década de 1920, Thorstein Veblen escribió Absentee Ownership. Creía que, si se quiere entender la economía, hay que estudiar las ciudades pequeñas de EE UU, ya fueran en el sur o en el oeste. El tipo de ciudades sobre las que Hollywood haría películas en la década de 1930, con un banquero usurero, un político corrompido y un abogado mafioso que tratan de secuestrar las vías públicas para que lleguen hasta sus propiedades o conseguir un ferrocarril que pase por ellas o utilizar el gasto público para aumentar el valor de su propiedad para poderla revender a un precio mayor. Veblen escribió acerca de cómo toda gira entorno a cómo encontrar a un bobo que compre cara tu propiedad, con la esperanza de que será capaz de venderla a alguien más tonto que él.

 Todo el mundo sabía que el sistema no podía durar. Pero nunca se sabe cuándo va a terminar. Por lo general, la gota de agua final es el descubrimiento de un gran fraude, o un banco que hace un mal préstamo u operación. En 2007, publiqué un artículo en Harper que preveía esto, con un gráfico que demostraba porqué la burbuja económica no podía prolongarse más de un año. Y no lo hizo. Acabó como todo el mundo pensaba que acabaría. Si nos fijamos en el crecimiento de la deuda en comparación con el crecimiento de la capacidad de pagarla, se ve que muchas economías han pasado ya el punto de intersección. En el punto en el que las deudas ya no se pueden pagarse, se produce una rotura en la cadena de pagos. Eso es lo que causa la crisis. En el siglo XIX no se hablaba de los ciclos económicos, sino de crisis bruscas y de recuperaciones lentas.

Marx vio que había un ciclo. Pero como todo el mundo en su época vio la fase de expansión económica que terminaba en una crisis. Es como un efecto de trinquete. Una curva se eleva como una ola de Hokusai, y luego hay una crisis rápidamente. No es un ciclo con una curva sinusoidal suave como la describía Schumpeter en Ciclos Económicos. Y no tiene soluciones endógenas. La expansión conduce a la crisis por sobre-endeudamiento. Por lo general, las crisis son el resultado de un fraude o de una quiebra, o de alguien que hace una mala operación para un gran banco, o una crisis medio ambiental provoca una ruptura en la cadena de pagos.

Economía Real y Ficticia

Hay dos maneras de pensar sobre la economía. Los libros de texto sólo hablan de la producción de bienes y servicios a cambio de salarios y beneficios. No hablan de rentas o ingresos no ganados. Es a eso a lo que me refiero con “irreal”, que no surge de la producción. Y tampoco se refieren a los intereses, o al marco de la deuda y los derechos de propiedad. Se habla mucho de lo que parece ser el flujo circular entre productores y consumidores. Ese flujo circular se llama la ley de Say. Por ejemplo, Henry Ford decía que pagaba a sus trabajadores 5 dólares al día para que pudieran comprar los coches que producían. Se representa a los trabajadores como asalariados que compran con sus ingresos lo que hacen.

Todo ello parece tener sentido, pero la economía de la producción es diferente de la riqueza financiera e inmobiliaria. ¿Quién tiene activos y quién debe a quién? Si nos fijamos en el marco económico en términos de activos y la deuda, descubrimos que el 1% acumula su riqueza endeudando al 99%. O por lo menos, se puede afirmar que el 5% gana dinero endeudando al 95%.



El truco es conseguir que otras personas se endeuden. ¿Cómo se consigue? Se les hace pensar que pueden ganar. Están dispuestos a pedir un préstamo para comprar una casa, porque piensan que desde 1945, ésa ha sido la forma en que la mayoría de las familias estadounidenses se han hecho ricas, de hecho, la forma en que la clase media fue creada en la mayoría de los países occidentales fue mediante el aumento del precio de los bienes raíces que compraron a crédito. De lo que no se dieron cuenta es que el precio de los inmuebles crecía de dos maneras.
a): Con más crédito bancario, en condiciones más favorables. b): Mediante el gasto en infraestructura pública. Ciudades, estados y el gobierno federal construyeron parques, museos, caminos, ferrocarriles, agua y alcantarillado, y las centrales eléctricas. Pero esto comenzó a llegar a su fin con Reagan y Thatcher en 1980. Ha habido una privatización de la infraestructura pública: los bienes que el sector público proporciona de forma gratuita, evitando que la gente tenga que pagar precios de monopolio.
En lugar de financiar la inversión pública mediante una imposición progresiva, se financió con préstamos. Los bancos se volvieron más y más agresivos e imprudentes en la creación de nuevo crédito, porque pensaban que estaban cubiertos contra pérdidas. Esa fue la esencia de la financiarización. La ingeniería financiera reemplazó a la ingeniería industrial. Lo que la gente pensaba que era riqueza resultó ser un rentista por encima de ellos.

Esta confusión entre la riqueza tangible real y el endeudamiento financiero de la economía fue establecida hace más de 100 años por alguien que ganó un Premio Nobel: Frederick Soddy. Pero ganó el Premio Nobel de Química. Escribió muchos libros diciendo que lo que la gente piensa que es riqueza -acciones y bonos, préstamos bancarios y derechos de propiedad -son riqueza virtual. Son reclamos financieros sobre la riqueza real. Una acción o un bono es un reclamo sobre los ingresos que la riqueza real puede producir. Por lo que está en el lado opuesto de los activos en la hoja de balance. Es en el pasivo.

Los economistas solían hablar de la tierra como de un factor de producción. Pero los derechos sobre la tierra son en realidad un reclamo de propiedad, un derecho a futuro, como derecho monopolista. Es como si se afirmara que las patentes de Walt Disney sobre Mickey Mouse o que las películas que hace Walt Disney son un factor de producción. Son realmente un derecho de propiedad para cobrar un precio de monopolio. El derecho de cobrar un precio de monopolio de un servicio de cable no es realmente un factor de producción. Es extractivo. Es lo que los economistas llaman una actividad o juego de suma cero. Por lo tanto, la economía clásica tiene una idea diferente de lo que es la renta nacional que la actual. Un derecho de monopolio no es una contribución a la riqueza o a la renta nacional sólo porque los monopolistas ganan más. Es una resta del flujo circular de la economía.



Pensemos en el flujo circular entre productores y consumidores. Si los asalariados tienen que gastar más para obtener una vivienda, o para pagar una hipoteca o sus préstamos bancarios para su educación, tienen menos para gastar en la compra de bienes y servicios que producen. No están pagando a los productores de bienes y servicios. Están pagando a los banqueros o al sector inmobiliario, a los dueños del sector inmobiliario. Antes te referiste al sector financiero, seguros e inmobiliario (FIRE, por sus siglas en inglés). Durante muchos años, los economistas y estadísticos de la renta nacional ni siquiera podían distinguir qué ingresos pertenecían a qué subsector, porque estaban simbióticamente entrelazados.
No forman realmente parte de la economía productiva o de lo que se llama la economía real. Sin embargo, el alquiler, las pólizas y los intereses hipotecarios son las primeras cosas que pagan tras cobrar el sueldo. Eso es más real - en el sentido de ser más apremiante - que los bienes y los servicios. Por eso, cuando una familia recibe su cheque de pago, los impuestos y la deuda de las tarjetas de crédito, o bien el alquiler o el pago de la hipoteca, es a menudo lo primero que se descuenta automáticamente de su cheque o cuenta bancaria. Al asalariado medio americano solamente le queda el 25 o 30% de sus ingresos disponibles para gastar en los bienes y servicios que producen.
Así que hay una desviación de esos ingresos para pagar al sector FIRE, un sector que los economistas clásicos esperaban reducir al mínimo. Querían acabar con la clase rentista. Querían nacionalizar la tierra, o al menos fiscalizar a favor del estado la mayor parte de la renta de la tierra. Querían que el gobierno fuera un prestamista público, o al menos que los bancos tuvieran que hacer préstamos productivos, no financiar la recompra de acciones de las grandes empresas, las adquisiciones de empresas, o dar créditos para inflar los precios de los bienes raíces y hacer que los compradores de viviendas se endeuden cada vez más para obtener una casa en la que vivir.

 La economía ha sido vuelta del revés, sin embargo, la gente no se da cuenta porque el vocabulario que se usa se ha convertido en una especie de eufemismo. Antes has dicho orwelliano y verdaderamente es una neo lengua, en la que se utilizan las palabras para decir exactamente lo contrario de lo que se quiere decir. Escribí B es de economía basura en gran parte para denunciar esa terminología engañosa. Si se mira debajo del vocabulario, se da uno cuenta de lo que realmente está sucediendo, en lugar de aceptar eufemismos como “ganancias” en lugar de renta no ganada. Se puede construir una imagen diferente, más realista de la economía.

Lo notable es cómo crecieron economías estables desde su despegue en Mesopotamia en el cuarto milenio antes de Cristo hasta el final del primer milenio. En la sociedad clásica no había el polarizante problema de la usura. Las economías eran todavía lo suficientemente “antropológicas”, con un bajo excedente y lo suficientemente comunitarias como para que la ética de la ayuda mutua condenase como impropio la adquisición de riqueza mediante la explotación. Había una creciente especialización del trabajo, pero también cancelación de las deudas cuando crecían demasiado, por lo menos las deudas personales. Había una distinción en la práctica entre crédito productivo e improductivo.

Cada gobernante de la dinastía de Hammurabi en Babilonia, al igual que los gobernantes sumerios antes que ellos, comenzaban su reinado proclamando la cancelación de las deudas acumuladas. En los tiempos de Babilonia le llamaban andurarum. Es un cognado del término hebreo deror, la palabra para Año Jubileo. El nuevo gobernante cancelaba las deudas, liberaba a los siervos por deuda y devolvía a sus dueños a quienes habían sido cedidos en pago de la deuda al acreedor, incluyendo a los esclavos de la familia. Además, se devolvía la tierra de cultivo para el abastecimiento familiar que hubiera sido entregada en pago a los acreedores. Pero los gobernantes no devolvían las casas de la ciudad, que se consideraban parte del excedente. No se cancelaban las deudas comerciales, que eran deudas en plata. Pero si se cancelaban las deudas de cebada para que las personas pudieran sobrevivir.

 La razón por la que los gobernantes de aquellas civilizaciones actuaban así era porque si se permitía a los acreedores hacen préstamos a los cultivadores y decir “ahora tienen que trabajar para devolvernos el préstamo”, los campesinos no serían capaces de cumplir con su deber de prestación de trabajo personal (corvé). Los impuestos se pagaban en forma de jornadas de trabajo, mediante la prestación personal de servicios. Así es como desde el 11.000 aC en adelante, las civilizaciones construyeron sus grandes monumentos. Monumentos como Stonehenge, pero aún más grande, desde Gobekli Tepe en Turquía a las pirámides de Egipto, los zigurats de Mesopotamia y las murallas de las ciudades. Esta infraestructura cultural, militar y económica básica fue construida con trabajo público. La cuestión es ¿cómo se conseguía que la gente trabajase en estas obras?

Si la gente no hubiera querido construir estos monumentos culturales y obras de defensa, se habrían escapado, como hicieron después de alrededor el 1600 aC. Pero cuando los arqueólogos desenterraron los restos de los campos de trabajo para la construcción de las pirámides y los templos, encontraron que no fueron construidos por esclavos que trabajaban por unas raciones de gachas. Había una gran cantidad de carne en la dieta, una gran cantidad de cerveza en las fiestas. Se organizaba como un proceso de socialización, trabajando en proyectos públicos durante el periodo de tiempo que no era necesario para la siembra y la cosecha. Se han encontrado representaciones iconográficas de los gobernantes, ya sea en murales o en sellos cilíndricos, que llevan cestas de tierra sobre su cabeza. Un trabajo agotador, pero que era seguido de fiestas, socialización y encuentros.

En la antigüedad hubo revoluciones exigiendo la anulación completa de las deudas. Pero no era necesaria una revolución social en la Edad de Bronce, porque la autoridad central del gobernante era mayor que la de la oligarquía privada que comenzó a crecer (en gran parte gracias al dinero acumulado mediante el comercio exterior, y que prestaba sus ganancias con intereses). En la Edad de Bronce se ganaba dinero mediante la privatización, por ejemplo, los templos que ofrecía la cerveza a las mujeres para que la vendiesen a los clientes al por menor y que contraían deudas con ellos. Pero si las cosechas se perdían, se anularon estas deudas de los bebedores de cerveza y las mujeres vendedoras.

Lo mismo ocurrió en Japón en su período medieval. El sake era fabricado en los templos. Y fue con los templos con los que la mayoría de la gente acumuló deudas. Hubo una revolución contra los templos acreedores en Japón. Y en la antigüedad clásica, en el siglo séptimo antes de Cristo, las ciudades más prósperas, de Esparta a Corinto, derrocaron a las oligarquías, redistribuyeron la tierra y cancelaron las deudas. Pero más tarde, los historiadores oligárquicos llamaron a estos líderes populistas “tiranos”. Pero su tiranía consistía en expulsar a la oligarquía y redistribuir la tierra.

 A partir del siglo séptimo, no vuelve a ocurrir. Solón de Atenas prohibió la servidumbre por deudas en 594 antes de Cristo. Pero en el siglo tercero antes de Cristo, los reyes de Esparta -Aegis y Cleómenes, seguido de Nabis- cancelaron las deudas. Los oligarcas hicieron un llamamiento a Roma para luchar contra Esparta. Derrotaron a Esparta. A partir de entonces, la oligarquía romana fue la primera sociedad que no canceló las deudas personales. Eso significaba que poco a poco, se reducía a los deudores a una servidumbre permanente, no meramente temporal, no solamente de 3 años como en las leyes de Hammurabi, o cada 50 años como en el Año Jubileo periódico en el Israel bíblico. Comenzó a haber servidumbre permanente y polarización económica. Ese es el mismo tipo de endeudamiento personal que se está desarrollando en las economías actuales.

Hoy en día, las familias que entran en el mercado de trabajo tendrán que pasar toda su vida laboral pagando la deuda que contraen para pagar una educación para conseguir un trabajo, así como la deuda que necesitan para comprar un coche para ir a trabajar, y la hipoteca de la casa que necesitan para vivir y evitar unos alquileres que suben y suben. Tienen que pasarse toda la vida trabajando simplemente para pagar a sus acreedores, no para vivir mejor con más bienes y servicios. A diferencia de la servidumbre, los trabajadores de hoy en día pueden vivir donde quieran. Pero dondequiera que vivan, tienen que producir valor no sólo para sus empleadores, sino también para los banqueros.

Estos banqueros (y accionistas)) son los principales explotadores en la actualidad. Así que el capitalismo financiero se está imponiendo al capitalismo industrial. En lugar de que el capitalismo industrial evolucione hacia el socialismo, como se esperaba, está retrocediendo de nuevo a una neo-servidumbre y un neo-feudalismo. Esto es principalmente debido a que es imposible reconducir la deuda dentro del sistema capitalista industrial para que evolucione hacia una economía socialista. Eso es lo que el neoliberalismo está patrocinando con la financiarización y la privatización.




 La incapacidad de hacer la deuda productiva.

En un principio, bastó la fuerza armada, haciendo la guerra a los países que cancelaban las deudas. En la época romana, los acreedores simplemente asesinaban a los políticos a favor de los deudores, como los Gracos después de 133 ac en adelante (incluyendo a Jesús en Judea). Pero en el mundo actual, los acreedores han tenido que cambiar la percepción de las personas, para que la gente piense que no están siendo explotados. Alrededor de 1890 los acreedores y los latifundistas patrocinaron una reacción anti-clásica diciendo que la renta económica no existe, que todo tiene un coste y que todo ingreso es ganado. John Bates Clark en América, y los marginalistas en el extranjero, defendieron que todo lo que gana alguien, es producido- por definición (es decir, por un razonamiento circular). Así que, si usted es un socio de Goldman Sachs y gana 22 de millones de dólares al año, eso se considera una contribución al PIB de la economía. La gente piensa: “Bueno, los ricos realmente se lo ganan. Son mucho más productivos que yo”.

Si se cree en este paradigma “meritocrático”, no se va a resentir la riqueza depredadora. El resentimiento es contra uno mismo. La oligarquía ha hecho que los deudores y la clase media sufran un síndrome de Estocolmo. Se auto-culpan. Y piensan que “si se recortasen los impuestos sobre los ricos, como Donald Trump quiere hacer, tendrían dinero suficiente para contratarnos y podríamos ser más ricos”.

Pero eso no es lo que hacen los ricos con su dinero. No contratan a los trabajadores aquí. Ellos se enriquecen adquiriendo una empresa, despidiendo a los trabajadores, saqueando el fondo de pensiones, y trasladando su producción a Indonesia, Vietnam o alguna otra economía de bajos salarios donde no haya sindicatos.
 Los libros de texto de economía no reconocen esto. Describen un universo paralelo respaldado por una economía eufemística orwelliana que hace creer a la gente que de alguna manera van a enriquecerse con dinero prestado para comprar una casa que puede subir aún más de precio. El sueño es ser un Donald Trump en miniatura, ganar dinero gracias a su hogar como una inversión inmobiliaria. Hacer dinero en el mercado de valores entregando la gestión de su dinero a los administradores financieros de Citibank, Goldman Sachs u otras compañías que han pagado diez mil millones de dólares en multas por fraude financiero. Donald Trump quiere ahora acabar con la Agencia de Protección Financiera al Consumidor de Elizabeth Warren. El argumento republicano es que al igual que tenemos que dar a la gente el derecho a comprar comida basura, refrescos y hamburguesas de McDonald, tienen que tener el derecho a comprar productos financieros de los trileros de Wall Street que van a estafarlos.



Es lo que llaman el libre mercado. Pero ese no es el tipo de libre mercado que los economistas clásicos del “libre mercado” como Adam Smith tenían en mente. Los grupos de presión de los rentistas se han apoderado de la mente de las personas. De eso trata Matar al anfitrión. Es la dinámica intelectual básica del parasitismo. En la naturaleza, los parásitos no simplemente se adhieren a un huésped y le chupan la sangre, o se hacen con el excedente de una economía. Para poder hacerlo, tienen que adormecer al anfitrión. Necesitan un anestésico para que el huésped no se dé cuenta que está siendo mordido. A continuación, los parásitos biológicos en la naturaleza tienen una enzima que utilizan para asumir el control del cerebro. El cerebro del huésped es engañado para hacerle creer que el parásito es una parte de su cuerpo, que debe ser protegidos. Eso es lo que el sector parasitario, el sector FIRE, ha hecho en las economías modernas. Ha convertido a Wall Street en el centro de planificación, no al gobierno elegido. Así es como los rentistas se han apoderado de la economía.

 Pero, es evidente, los objetivos de los planificadores financieros no son los mismos que los de los planificadores del gobierno. El objetivo financiero es apropiarse de los activos, para ganar dinero en el corto plazo, no para planificar a largo plazo, que es lo que se supone que los gobiernos tienen que hacer. Nadie toma en consideración la supervivencia y la sostenibilidad de la economía a largo plazo. Estamos entramos en la fase de apropiación de activos por parte del capitalismo financiero.

Hayek puso la economía clásica cabeza abajo. Adam Smith, John Stuart Mill y los otros economistas clásicos que se supone que son iconos del libre mercado defendían un mercado libre de la renta de la tierra, de las rentas de monopolio y de los intereses financieros. Sin embargo, para Hayek, un mercado libre significa que es libre para estos rentistas. Libre para los propietarios, los banqueros y los monopolistas. Por eso su grupo, los Von Misianos en Austria, se pasaban el tiempo luchando contra el gasto público y la “amenaza” del socialismo. Afirmaban que el socialismo conduce al fascismo. Pero en realidad, es la escuela de Chicago la que lo hace. Es el “libre mercado” de los Chicago Boys lo que condujo al fascismo en Chile derrocando al gobierno de Allende.

Así que Hayek llamó al fascismo libertad, y a la libertad la llamó fascismo. Lo primero que hicieron los chicos de Chicago en Chile fue cerrar todos los departamentos de economía. Porque se dieron cuenta de que no se puede tener un mercado libre al estilo Hayek a menos que se esté dispuesto a matar a todos los que no estén de acuerdo con ellos. Tuvieron que matar a los dirigentes obreros y a decenas de miles de intelectuales. Se cerraron todos los departamentos de economía del país, excepto el de la Universidad Católica, donde enseñaban ellos. Hubo asesinatos en masa. Si no se está dispuestos a matar a todo el mundo que no piensa de la misma manera, no se puede tener el libre mercado de Frederick Hayek. No se puede tener a Alan Greenspan o a la Escuela de Chicago, no se puede tener la libertad económica que es la libertad de los rentistas sin reducir al resto de la economía a la servidumbre por la fuerza.

 Hayek decía que la forma de crear servidumbre es hacer que la gente piense que la libertad es la servidumbre. Así que estamos de vuelta a Orwell: la libertad es esclavitud, la guerra es la paz. Esa es la economía orwelliana que ahora enseña la ortodoxia convencional. Ya no se enseña la historia del pensamiento económico como hace 50 años, cuando yo estaba haciendo mi doctorado. Se la ha sacado de los planes de estudios. Si la gente realmente quiere leer lo que dijo Adam Smith después de que viajara a Francia y se reuniese con los fisiócratas - y estaba convencido de que debía haber un impuesto sobre la tierra y que en las economías no debería haber gorrones - se daría cuenta de que lo que dijo es exactamente lo contrario de la ideología de libre mercado actual. John Stuart Mill define la renta como lo que ganan los propietarios “en su sueño”, sin tener que trabajar. Estos economistas clásicos estaban en el camino hacia el socialismo. Sólo a mitad de camino, pero en el camino hacia él.

Así que la historia del pensamiento económico ha sido sustituida por las matemáticas, para matematizar un modelo de universo paralelo ficticio. El resultado es lo que los operadores de computadoras llaman Basura in: Basura out (Gigo). Se está matematizando algo ficticio. Si nos fijamos en las introducciones a los libros de texto de Paul Samuelson o Bill Vickery, resulta que ganaron el premio Nobel de Economía por afirmar explícitamente que la economía no trata de la realidad. Sino que trata de la consistencia interna de las hipótesis. Es la construcción de un bello sistema que, si realmente funciona, sería tan atractivo que los estudiantes estarían dispuestos a abandonar su incredulidad. Eso es lo que hace un buen escritor de ciencia ficción. El truco es hacer que los lectores estén dispuestos a aceptar los supuestos que se les propone al principio. La visión de orejeras del libre mercado es simplemente una cuestión de coherencia lógica a partir de unos supuestos poco realistas.

Estas personas aparecen como entradas en mi diccionario como “sabios idiotas”. Son muy inteligente de una manera abstracta, autista, pero no saben sobre lo que son inteligentes. Están dispuestos a usar su astucia para engañarnos, para convertirse en grupos de presión pro-financieros. Su trabajo es utilizado por grupos de enfoque para averiguar qué tipo de retórica es mejor para engañar a la gente haciéndoles creer que la pobreza es riqueza. El objetivo es convencer a la gente de que pueden hacerse ricos endeudándose para comprar una casa y formar parte de la rutina económica de la clase media, y creer en aquello de lo que Ralph Nader se burló: “Sólo los ricos nos pueden salvar”. Si puede hacer que la gente crea eso, has ganado sus corazones y sus mentes


Por Michael Hudson

Sin Permiso